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Cine alemán

Cine alemán

Se podría decir que los alemanes inventaron una técnica para capturar movimiento antes que los hermanos Lumiere. Sin embargo, los creadores del asombroso bioscopio, Max y Emil Sklandanowky reconocieron la superioridad del aparto de los franceses cuando lo vieron en funcionamiento.

En la primera década en que el cinematógrafo estuvo en funcionamiento en Alemania, su uso y proyecciones eran asunto exclusivamente de una privilegiada élite económica. Sin embargo, con el paso del tiempo el artefacto se popularizó de tal forma que comenzó a verse en clases sociales medias y bajas con la proyección de películas en ferias ambulantes.

El Estudiante de Praga

El Estudiante de Prag

Inicios

Como en muchos países el cine recibió la influencia de la literatura y otro tipo de artes, que le permitieron acercarse a producciones más elaboradas. El primero de estos intentos fue El Estudiante de Praga, una adaptación de la obra de Edgar Allan Poe producida en 1913 bajo la dirección de Paul Wegener y Stellan Rye.

Los años siguientes vieron la popularización y ‘globalización’ de la industria. Los alemanes, ávidos de nuevas tendencias, no escatimaban esfuerzos en llevar películas danesas, italianas o francesas a las salas. Dichos filmes eran fácilmente digeribles por el alemán común gracias a que el cine mudo evitaba la barrera del lenguaje.

Con la llegada de las guerras mundiales, el cine en Alemania y los países involucrados en el conflicto, fue usado como otra arma, más poderosa que cualquier otra : era el instrumento de propaganda por excelencia. Esta coyuntura, permitió a la industria alemana convertirse en la más grande de Europa y al mismo tiempo ver nacer a sus primeras grandes estrellas, entre ellas la actriz Henny Porten.

La era del expresionismo

Finalizada la Primera Guerra Mundial nuevos cineastas entraron en escena con ideas innovadoras y el único objetivo de sorprender al público y ofrecer algo novedoso. Así, directores como Robert Wiene con su obra maestra El Gabinete del Doctor Caligari, alcanzaron la fama gracias al nacimiento de un nuevo movimiento: el expresionismo.

Otra de las obras maestras de este movimiento fue una excepcional adaptación del Drácula de Bram Stoker. El filme, dirigido por Friedrich Wilhelm "F. W." Murnau y titulado Nosferatu: Una Sinfonía de Horror, relata la historia de un temido vampiro que merodea por una ciudad arrastrando la muerte a su paso. La película se convirtió con el paso del tiempo en un filme de culto, y Max Schreck, el actor que interpretaba a Nosferatu, fue acreditado a varias leyendas de todo tipo. Se alanzó a decir incluso que el actor era un vampiro real.

Otra película que marcó un hito del expresionismo del cine alemán fue Metropolis. Dirigida por Fritz Lang en 1927, esta producción fue quizá la más importante película futurista del movimiento, contrastando las crisis sociales de la época entre los trabajadores y el duro capitalismo. La película fue restaurada en 1984 por Giorgio Modores, quien le agregó una nueva banda sonora. Como curiosidad, algunos extractos de la película fueron incluidos por la banda británica Queen para el video de su sencillo Radio Ga Ga.

     

Nosferatu

Nosferatu

Die Grosse Liebe

Die Grosse Liebe

El cine Nazi y la postguerra

Al igual que en la Primera Guerra Mundial, durante la Segunda también se aprovechó al cine como instrumento de propaganda. Pronto el Ministerio de Propaganda encabezado por Joseph Goebbel tomó control total del cine resultando en la expulsión total de los judíos en la industria y un éxodo masivo de directores y actores.

Durante aquellos años el Ministerio de Propaganda logró que sus directores y actores produjeran éxitos como Die große Liebe (1942) y  Wunschkonzert (1941), excediendo el millón de ventas en los cines y combinando elementos de musicales, romances y propaganda patriótica. De aquella era nazi también se destaca el documental Olympia (1936) sobre los Juegos olímpicos de verano de ese año.

Al terminar la guerra el veto de ciertas temáticas y de los judíos terminó. Surge una nueva etapa en el cine alemán. En las dos décadas siguientes los filmes sobre la tragedia de la guerra y el día a día en un país destruido fueron el común denominador en los argumentos. La primera película producida después de la guerra se realizó en 1946 y fue llamada Los Asesinos están entre Nosotros.

 

El Nuevo cine Alemán.

Durante la postguerra el cine del país entra en una etapa de estancamiento creativo, en parte causado por el éxodo masivo de directores y actores en los años anteriores. Los argumentos son los mismos y ni el lenguaje ni la fotografía dan síntomas de renovación. No hay novedad.

Todo cambia en los primeros años de los 60 cuando varios movimientos de cine independiente alertan las nuevas tendencias dominantes en el teatro, la literatura y otras artes, y se suman a ellas El Manifiesto de Oberhausen, proclama que el éxito del cine alemán tiene que estar en las manos de nuevos talentos y sus propuestas creativas.

Los principales exponentes del movimiento fueron Werner Herzog con películas como Aguirre, la cólera de Dios de 1972, y Volker Schlöndorff con El Rebelde y El Tambor de Hojalata de 1979, primer filme alemán en ganar un Premio Óscar como Mejor Película Extranjera.

              

Aguirre, la cólera de Dios

The Lives of Others

La Vida de los Otros

El cine en nuestros días

A partir de la década de los ochenta el cine alemán comenzó a tener éxito comercial nuevamente. Películas como El Submarino de 1981 y Una Historia que Nunca Termina de 1984, ambas dirigidas por Wolfgang Petersen marcaron la transición de la época, siendo la primera, la película alemana que hasta nuestros días mantiene el record de más nominaciones a los premios Óscar.

En años recientes, varias producciones alemanas han logrado éxito no sólo en Europa y Estados Unidos, sino también han ganado terreno en los mercados de Latinoamérica y Asia gracias a convenios de distribución con multinacionales. Entre las películas más destacadas de los últimos años están Corre Lola Corre de Rom Tykwer, Adiós Lenin! de Wolfgang Becker, La Vida de los Otros de Florian Henckel von Donnersmarck y El Hundimiento, de Oliver Hirschbiegel. Todas con nominaciones en festivales como Cannes, Berlín y los premios Óscar, Goya y BAFTA.

Quizá la película alemana que más éxito ha tenido recientemente es La Ola, una dramática historia de ficción dirigida Dennis Gansel en 2008 que revive una nueva suerte de fascismo como resultado del proyecto durante  las clases de sociología en una escuela pública.

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