Cine estoniano

Cine estoniano

Se puede decir que la fecha de inicio del cine en el país fue en 1908 con la producción de un corto noticioso sobre la visita del Rey Gustavo V de Suecia a Tallin, la capital del país. Ese año también se construyó la primera sala de cine del país.

Las dos décadas siguientes vieron el prematuro nacimiento de la industria del cine en Estonia y el primer largometraje, llamado Sombras del Pasado, llegó en 1924 de la mano del director Konstantin Marska.

Furst Gabriel o los últimos días del Monasterio de Pirita

Furst Gabriel o los últimos días del Monasterio de Pirita

De la crisis de los 30 a la influencia soviética

En los años treinta, luego de la depresión que afectó la economía norteamericana y cuyos efectos golpearon al mundo, varias productoras privadas cerraron. Al mismo tiempo nacía una nueva productora, y la más grande hasta entonces: Cultura Fílmica de Estonia, una empresa subsidiada por el Estado y que en su mayoría lanzó documentales.

Al igual que la mayoría de países de la Europa del Este bajo la influencia de la Unión Soviética, la industria cinematográfica fue usada como medio de propaganda. También, paralelamente a los otros países invadidos, la censura se impuso y todos los lanzamientos eran supervisados por el Gobierno. De esta época destaca el primer filme a color hecho en Estonia: Luz en Koordi, dirigida por Gerbert Rappaport en 1951.

Tras la muerte de Stalin en 1953 nuevos aires llegaron a la industria fílmica del país. Cambios estructurales en varios estudios permitieron un poco más de libertad a los directores y varias obras de la literatura fueron adaptadas a la gran pantalla. Las más importantes fueron Furst Gabriel o los últimos días del Monasterio de Pirita, obra de Eduard Bornhöhe, que  vendió casi 45 millones de entradas en la URSS; y Primavera, del director Arvo Kruusement, catalogada por los críticos estonios como la mejor película de todos los tiempos del país.

Crisis tras la caída del muro

Con la caída del Muro de Berlín, la industria ganó independencia pero perdió solvencia económica. El apoyo estatal se redujo al punto que en 1996 el país solo produjo dos documentales y ninguna película.

Debido a esta crisis el Ministerio de Cultura creó en 1997 la Fundación de Cine de Estonia. La entidad se encargaría de mejorar las condiciones para directores, productores y actores, y la distribución de las películas del país. Desde ese punto las cosas mejoraron para el cine nacional y varias producciones empiezan a recorrer y ser premiadas en festivales de cine en el mundo. Entre ellas, Georgica dirigida por Sulev Keedus, ganó el premio FIPRESCI en el Festival de cine de Estocolmo en 1998.

Las producciones que han gozado de más reconocimiento internacional en los último años han sido Nombres en Mármol (Nimed marmortahvlil) de Elmo Nüganen, y la comedia Hecho en Estonia (Vanad ja kobedad saavad jalad alla) de Rando Petai, lanzada en 2003 y que peleó junto a la segunda parte de El Señor de los Anillos como la película más taquillera en el país.

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Nombres en Mármol

Nombres en Mármol

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