El cine en la era soviética

El cine en la era soviética

Last soviet movie

«Para nosotros, el cine es, de todas las artes, la más importante», estas palabras de Lenin, que le han dado la vuelta al mundo, encarnan la atención que el régimen soviético le prestaba al séptimo arte. La última película soviética hace un irónico tributo a un cine que ya no existe. Un resumen sobre el tema puede explicar cómo, controversial como es, este filme  estuvo por muchos años entre los más importantes de Europa.

En agosto de 1919, el régimen soviético ruso nacionalizó la producción y distribución de cine. Los efectos vieron rápidamente, de once películas realizadas en 1921 se llegaron a 157 en 1924. También se creó la primera escuela de cine del mundo en 1919 (la VGIK), y la industria se benefició por la influencia de muchas de sus tendencias y constructivismo.

sovietEste cine, subsidiado pero también censurado por el Estado, se convirtió en uno de los más innovadores de su tiempo. En 1924, en la época en la que Lenin dijo su frase, Trorsky también dijo: «cuando nuestros pequeños pueblos tengan salas de cine, estaremos listos para completar la construcción del socialismo». Los bolcheviques compartieron esa idea de que el cine podría educar a sus gentes y servir como instrumento de propaganda.

En aquel tiempo, grandes estrellas del cine soviético emergían y comenzaban a ser reconocidas internacionalmente a pesar del discurso subversivo de los filmes. Entre ellos estaban Sergei Eisenstein, Vsevolod Pudovkin y Alexander Dovzhenko. Una de las producciones más reconocida a pesar de sus influencias comunistas fue la famosa Potemkim Battleship (1925), considerada aún como una de las piezas maestras del cine mundial.

La llegada del cine hablado llevó a las producciones soviéticas al llamado ‘realismo socialista’, representado héroes reales y resaltando valores sociales positivos del comunismo. Esta doctrina fue llevada al cine en filmes como Tchapaïev (1934) de los germanos Vasilyev, o el épico Alexander Nevsky (1938) de Eisenstein. Sin embargo, se final de la era de Stalin fue marcado por el estancamiento del cine soviético, que rompió con el conformista realismo para ser más auténtico.

Durante el periodo de la perestroika el escenario cambió, disminuyendo la influencia comunista y un proceso gradual de privatización.

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La caída de la URSS es un punto álgido en la historia del cine soviético. Las producciones disminuyeron y muy pocos directores fueron reconocidos internacionalmente, entre los pocos afortunados se encuentran Andrei Mikhalkov Konchalovsky y su hermano Nikita Mikhalkov, Pavel Lungin (Taxi Blues, La Noce) y Alexander Sokurov (Russian Ark, ganador en el Festival de Cannes). Sumado al decaimiento, la novedad de la libertad de expresión ganada, tampoco logró que las producciones salieran de los temas en los que el cine soviético había sido tan insistente por tradición.

Hoy el cine de Rusia enfrenta varios retos: recortes de presupuesto, crisis en la producción y una feroz competencia de las producciones extranjeras. En medio de ello, parece que el cine independiente ha alcanzado un grado importante de reconocimiento, y lo evidencia la vitalidad de los festivales de cine de Moscú y San Petersburgo.

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